- Pues no, gracias... No sabe cuánto me alegro de que me haya librado de ellos, llevaban lo menos cuarenta años molestando por las noches...
- Tranquilo pues, ya no verá más. Bueno, igual alguno de vez en cuando, pero poco más.
- Gracias, gracias. Entonces, ¿ya podemos bajar al sótano?
- Claro, claro, pero tendrán que tener cuidado con el agujero gigante que hay en la pared, que da al subsuelo y puede caerse algún chiquillo.
- ¿Qué? ¿Agujero gigante?
- Sí hombre, sí. Como los que había antes en las casas antiguas...
- ¿Pero y eso cómo es?
- Pues que los ratones, antes de irse, lo dejaron ahí puesto.
- Pero hombre, si lo dejaron los ratones porque a ellos les daba la gana, habrá que taparlo o quitarlo o algo, digo yo...
- Bueeno... Para eso hay que montar votaciones y hay mucha gente a favor de los agujeros (?) y cuesta mucho... Pero si le parece, dígale a sus hijos que tapar el agujero es muy importante, que vayan por ahí diciendo que hay que tapar el agujero cuanto antes.
- ¿Pero no dice usted que no se puede hacer nada, que hay gente que, extrañamente, prefiere que haya un agujero?
- Ya hombre, pero los jóvenes gritan cualquier cosa.
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